No más Porsches!!
Alguna vez que vine de vacaciones a Madrid, tuve un affaire con el hermano de una amiga, unos 10 años mayor que yo. Mis amigos sabían de la existencia del personaje (lo asumieron cuando dejé de dormir en la casa), pero no estaba preparada para presentarlo, en especial a mi amiga la Juez, que debido a su profesión, tiene una gran capacidad para “condenar” a las personas.
Un día estaba con mis amigos tomándome unas cañas en una plaza madrileña cuando me llamó el chick a decirme que ya me recogía. Yo tratando de que no se dieran cuenta, me fui muy disimuladamente, pero la Juez, con su perspicacia, se percató y acto seguido cogió al perro y salió corriendo detrás de mí para conocerlo (según ella, si Mahoma no va a la montaña...). El pobre Can iba ahogado con la correa, mientras ella trataba de alcanzarme. No se sabe quién se veía más patética, si yo maquillándome mientras corría o ella arrastrando a un golden de 20 kilos. Finalmente me monté corriendo al carro y, cual Judas, le dije que arrancara rápido que había una loca persiguiéndome.
Al día siguiente el hombrecito me invitó a pasar el finde en San Sebastián y yo me armé la película del plan romántico total. Me recogió y salí muy arregladita y preparada, después de hacer toda la latonería y pintura necesaria para mi finde pasional. Pero no había caído en cuenta del pequeño detalle que él tenía un Porsche y, como era verano, duraríamos las 4 horas de viaje con la capota abajo.
Así que finalmente llegamos al super hotel en San Sebastián y yo, cual Bridget Jones, tenía el pelo hecho un nudo (de nada sirvió el blower o la pañoleta harlista que me puse en la cabeza), el maquillaje corrido y estaba absolutamente congelada.
Al día siguiente el hombrecito me invitó a pasar el finde en San Sebastián y yo me armé la película del plan romántico total. Me recogió y salí muy arregladita y preparada, después de hacer toda la latonería y pintura necesaria para mi finde pasional. Pero no había caído en cuenta del pequeño detalle que él tenía un Porsche y, como era verano, duraríamos las 4 horas de viaje con la capota abajo.
Así que finalmente llegamos al super hotel en San Sebastián y yo, cual Bridget Jones, tenía el pelo hecho un nudo (de nada sirvió el blower o la pañoleta harlista que me puse en la cabeza), el maquillaje corrido y estaba absolutamente congelada.
Y desde ahí aprendí la lección: nunca más salgo con un man que tenga un Porsche!


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