Sabiduría Argentina
En la época del master, hacíamos constantes fiestas en la casa con mi ex-roommie la Argy, por lo que tuvimos uno que otro problema con los vecinos y regañada habitual del portero debido a las quejas por ruido. Afortunadamente, la viejita de arriba es sorda y duramos casi un año sin vecinos al lado (estaban remodelando), así que hicimos y deshicimos cualquier día de la semana.
Hasta que un buen día llegó una vecina, del edificio que queda en la calle de atrás. Esto era un miércoles y ella, ya aburrida de oír música y fiesta hasta las N de la mañana, decidió salir a la calle en busca del edificio de donde venía el ruido, para identificar a los culpables. Así que nos timbró el portero, acompañado por la fúrica señora. En medio de la borrachera, yo asumí que lo mejor era ir a hacerme la dormida en mi cuarto (cómo si me fueran a creer o inclusive buscar), otro amigo se escondió en la cocina (cual inmigrante ilegal, acurrucado dentro de un armario), un tercero decidió que si se quedaba parado contra una pared y no se movía, podía llegar a parecer una lámpara (...¿!?...). Y quedó la Argy al mando, quién abrió la puerta para recibir a la inesperada visita.
La señora furiosa le dijo que era el colmo que tuviéramos fiestas todos los días y con música hasta tarde, que ella tenía hijos. Decía que teníamos la música tan alta que los niños no podían dormir, a lo que la Argy contestó sabiamente:
“Ché, señora, pero si es un miércoles, y son las 10 de la mañana. Sus hijos no deberían estar durmiendo....deberían estar en el colegio!!”
Hasta que un buen día llegó una vecina, del edificio que queda en la calle de atrás. Esto era un miércoles y ella, ya aburrida de oír música y fiesta hasta las N de la mañana, decidió salir a la calle en busca del edificio de donde venía el ruido, para identificar a los culpables. Así que nos timbró el portero, acompañado por la fúrica señora. En medio de la borrachera, yo asumí que lo mejor era ir a hacerme la dormida en mi cuarto (cómo si me fueran a creer o inclusive buscar), otro amigo se escondió en la cocina (cual inmigrante ilegal, acurrucado dentro de un armario), un tercero decidió que si se quedaba parado contra una pared y no se movía, podía llegar a parecer una lámpara (...¿!?...). Y quedó la Argy al mando, quién abrió la puerta para recibir a la inesperada visita.
La señora furiosa le dijo que era el colmo que tuviéramos fiestas todos los días y con música hasta tarde, que ella tenía hijos. Decía que teníamos la música tan alta que los niños no podían dormir, a lo que la Argy contestó sabiamente:
“Ché, señora, pero si es un miércoles, y son las 10 de la mañana. Sus hijos no deberían estar durmiendo....deberían estar en el colegio!!”
Después de semejante respuesta, nunca más volvieron a molestarnos.


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